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17/06/2015
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17/07/2015
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El cielo de los robots software

Hoy, una de las personas de nuestro equipo, tras leer un correo que envié acerca de los distintos tipos de robots que tenemos en otros tantos entornos productivos, me preguntó: -“¿dónde van los robots cuando mueren?”.

En efecto, lo preguntó esbozando una media sonrisa en claro tono humorístico. Sin embargo, me pasó como con casi todas las preguntas distintas que me hacen: me hizo pensar. Y en esta ocasión, el hilo de pensamiento me llevó a otra pregunta: -“¿Cuál es el ciclo de vida de un robot?”.

– “¿Cuál es el ciclo de vida de un robot?”.

 

Todo lo que tiene un principio tiene un final

Un robot es una pieza de software, más o menos compleja, más o menos extensa, más o menos modificada desde su construcción, pero como cualquier pieza de software, terminará “muriendo”. Y como cualquier elemento biológico, mecánico o computacional, la muerte será más o menos honrosa y feliz en función de cómo haya aprovechado la vida que ha disfrutado.

En términos de robots software, este aprovechamiento del tiempo concedido se puede medir en algunos parámetros muy sencillos. Podemos asemejar la vida de un robot con la vida de una persona.

Desde la concepción y construcción del robot, podemos saber si un robot “ha nacido bien” si el número de horas de desarrollo real no es superior al tiempo de desarrollo estimado.

Una vez pasada esta primera fase, el nacimiento, llegamos al periodo de formación, que podríamos decir que es el tiempo invertido en ajustar adecuadamente un robot ya construido al pasarlo de un entorno de desarrollo al entorno real de ejecución final. Este tiempo también es un elemento medible.

En esta fase nos podemos encontrar con que el entorno de producción es sensiblemente distinto al entorno de desarrollo, tanto en términos de rendimiento como de volúmenes de información o incluso ¡versiones de aplicaciones!. Si no es necesario un ajuste extensivo podemos decir que el robot “está creciendo bien”.

Ya cuando el robot es adulto, y debe “ganarse el pan”, podemos medir más y mejor, como por ejemplo:

Número de ejecuciones realizadas en producción
Número de ítems procesados correctamente
Tiempo total de ejecución
Ahorro temporal y económico obtenido
Número de incidencias
Número de versiones desplegadas
Horas de soporte a producción que ha requerido

En este momento es donde más métricas se pueden recoger, y no solo desde el punto de vista del mantenimiento sino también desde el punto de vista de negocio. En la consola de Jidoka puedes encontrar métricas sobre la ejecución del robot y elaborar informes de seguimiento.

Cuando se acerca la hora de replegar un robot, es posible también hacer balance en cuanto a si el desarrollo del robot ha terminado provocando algún tipo de mejora o nueva funcionalidad en la plataforma, si esto es así, el robot habrá merecido la pena, al menos para mí.

Un buen robot, uno que haya cumplido con su deber, no sería extraño que hubiera conseguido cambiar a mejor los procesos que ha realizado.

Hay que hacer balance también desde el punto de vista de la mejora de los procesos que le han sido encargados. Un buen robot, uno que haya cumplido con su deber, no sería extraño que hubiera conseguido cambiar a mejor los procesos que ha realizado.

También podemos evaluar el placer o la satisfacción (quizás esta palabra es más adecuada) que provocó en el desarrollador la construcción y mantenimiento del robot a lo largo del tiempo. Si el desarrollador está contento, el robot puede que se haya ganado estar presente en el “hall of fame” o “el cielo de los robots”.

Nota: “El cielo de los robots” es un tablón de corcho que tenemos en nuestra oficina donde pinchamos aquello que hemos construido que nos ha resultado más gratificante.

Sin duda, esta forma de ver el ciclo de vida de un programa puede parecer como mínimo algo “diferente” (por ser amable), pero no siempre debemos ver las cosas justo como son, hay veces en que nos podemos permitir un pequeño lujo: utilizar un filtro para reír un poco.

 

 

Juan Manuel Reina Morales
Juan Manuel Reina Morales
CTO de Jidoka. Socio fundador de Novayre, empresa tecnológica apasionada por la innovación software y la automatización. "La verdad está en el código".

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